Luchar contra el orgullo.

Al fracaso lo precede la soberbia humana; a los honores los precede la humildad. Proverbios 18:12

El orgullo es un mal que nos aqueja la mayoría del tiempo, y es una palabra tan peligrosa que tiene el poder de destruirnos poco a poco y de la manera más lastimosa posible. Podemos encontrar el orgullo en varios aspectos de nuestra vida, desde nuestra pareja, familia, amigos o conocidos. El orgullo nos mata lentamente, destruye matrimonios, noviazgos, familia y termina por dejarnos en un estado mental destructivo y solos.

Muchos piensan erróneamente que el orgullo es parte del amor propio, cuando finalmente lo que ocasiona el orgullo es tenernos en un estado mental fantasioso, el orgullo distorsiona nuestra realidad, pensamos que sabemos lo que otras personas piensan, creemos que nuestro orgullo nos salva de un dolor emocional.

La cura contra el orgullo.

La mejor cura para el orgullo que yo práctico día a día y que mejor resultado puede darme es la oración. Cuando nuestro dolor, coraje o desilusión es tan grande, recurrir a la oración puede sanar muchos de los sentimientos negativos que nos llevan a guardar rencor ya que el rencor nos lleva al orgullo. Con Dios podemos hablar de la manera más honesta y decirle cuanto nos duele las acciones de las personas que nos lastiman.

Con el orgullo viene el oprobio; con la humildad, la sabiduría. Proverbios 11:2

Cuando una persona nos lastima estimula nuestra reacción de odio, en muchas ocasiones llegamos a perdonar, pero siempre está latente esa parte de rencor encubierto de perdón y el resultado es que tomamos decisiones vengativas, ya sea no volver a ver a esa persona o terminar cualquier tipo de contacto o el peor escenario es seguir adelante lastimando a la persona que nos hirió sin darnos cuenta de que el daño es mutuo en un ciclo sin fin. El orgullo nos da falsamente un estado de ánimo de poder sobre la persona que nos ha lastimado. Con esto no digo que debamos permitir que nos sigan lastimando, digo que debemos perdonar por nuestra salud mental y dependiendo cada caso seguir adelante con una relación sana o dar por terminado una relación cualquiera que está sea.

No debemos olvidar casos especiales en los que se involucra una familia, un matrimonio ante los ojos de Dios y en esos casos debemos pensar muy bien el tomar una acción definitiva que involucre y lastime a más personas ya sea para separación o perdón debemos tomar la decisión más sabia. ¿Cómo sabemos que nuestra decisión es sabia? Recuerden que la sabiduría viene de parte de Dios y él es generoso en proporcionarla si se lo pedimos.

Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pidasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie. Santiago 1:5

Hay ocasiones que en relaciones de cualquier tipo involucra violencia, en tales casos lo mejor es retirase para proteger nuestra vida y la de nuestros seres queridos, si ese es el caso, piensen que la persona ya lastimó mucho de nosotros y que el retirarnos no es por orgullo es por sobrevivencia, pero no caigamos en la tentación de retirarnos con orgullo, recuerden que ya fueron lastimados físicamente y generar rencor u orgullo solo terminará por lastimar la parte mental.

Sé dé lo que habló, hace tiempo una persona me atacó, me secuestro en la casa donde yo vivía alrededor de 8 horas, donde me amenazó, me golpeó, quemo parte de la casa, quemo parte de mi cara, cuello y pecho, me quebró una mano al intentar yo escapar por una ventana, entre otras cosas… Dios estuvo conmigo en cada minuto y cada segundo de esa tortura. Yo no paraba de orar y tratar de salvar mi vida. A cada segundo pensaba en mi familia y el dolor tan grande que sería si yo no estuviera a raíz de ese ataque. Dios me sacó de esa casa con poder y con mano fuerte, solo un Dios tan grande pudo salvarme, logre salir corriendo y pedir ayuda, al llegar la policía Dios nuevamente hizo uso de su gran poder para mantenerme a salvo, estuve protegida por centros de protección de mujeres que fueron víctimas de violencia y protección de testigos.

Al principio el odio, el dolor y la desolación me llevó a estar molesta, aparte a personas de mi vida porque el enojo y el miedo me hizo reaccionar de esa forma, mi alma estaba agotada y estaba lastimada tanto físicamente como mentalmente. De una u otra forma comprendí que debía sanar para no seguir perdiendo más. El dolor me produjo coraje y orgullo, no estaba dando la gloria a Dios. Las mujeres que trabajaban en el centro de protección y mi mejor amigo cada día cuidaban de mí y me ayudaban a sanar tanto físicamente y mentalmente, pero el gran trabajo lo hizo Dios. Dios me dio la sanación mental que mi alma necesitaba, Dios me dio la fuerza en un momento difícil, yo me agarre de la mano de Dios y Dios se encargó de el resto, él puso a las personas indicadas para sanar, hubo personas de las que jamás me espere la paciencia y la ayuda que necesitaba, de todas las personas tome un poco hasta mi recuperación.

En el lapso de mi estadía en ese centro entendí como en muchas ocasiones, que no debía estacionarme en mi dolor que debía de alguna forma sacar mi tristeza, a menudo llegaban mujeres que habían sido víctimas de violencia y llegaban en el mismo estado de shock emocional en el que yo me encontraba, y ahi fue como encontré la manera de sanar parte de mi alma, ayudando a cada mujer que llegaba, pensaba que de alguna forma podía ayudar, ya sea hablando de Dios con ellas o ayudándolas, compartiendo mi comida, saliendo a caminar para que no sintieran miedo de salir nuevamente a la calle, sonriendo, cuidando de sus hijos, la mayor ayuda que pudiera proporcionar era un descanso a mi alma. Realmente las usaba para sanar mi corazón y al mismo tiempo aportaba, y mi Dios estuvo en cada paso para hacer florecer su preciosa obra en ellas y en mí. El ataque que sufrí no tenia que ser forzosamente un trauma de por vida. Dios uso un acto horrible para enseñarme su gran poder y mostrarme otra cara de como afrontar un terrible hecho como ese.

Solo Dios es tan grande que me rescato de lo físico y mental, solo un Dios de poder pudo haber puesto en mi camino personas que se preocuparon por mí, mientras yo me preocupaba por otras personas, yo cuidaba de otras mujeres mientras Dios cuidaba de mí. Jamás terminaré de adorarle por su amor y misericordia.

Y con esto terminó, en ese ataque perdí muchas cosas y muchas personas, pero Dios me devolvió el doble y sobre todo, no perdí mi paz mental y logré matar al gran gigante: el orgullo.

Pero jamás podría haberlo hecho sola, aunque muchas personas estuvieron a mi lado también muchas se alejaron de mí en mi peor momento, pero el más importante estuvo a mi lado cada paso que daba y él es Dios. Jamás permitas que el rencor y el odio te cieguen no pierdas más días valiosos en alimentar el orgullo en tu corazón. Dios te ama. No importa la situación que estés viviendo, recuerda que Dios es más grande que tu problema.

Quiero agradecer al centro que me acogió, que por razones de seguridad no puedo mencionar el nombre, pero sabrán que las llevo en mi corazón para toda la vida. Y sobre todo a mi mejor amigo que estuvo en las buenas y malas hasta el día de hoy.

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