Soledad y Dios

¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío. Salmo 42:11

En alguna ocasión alguien me dijo que debía empezar a hablar sobre mis problemas y no guardármelos, debía empezar a decirle a las personas que me rodean lo bueno y lo malo.

Desde muy joven emprendí la aventura de salir de mi país para trabajar en el extranjero y así cuidar económicamente de mis padres, salí siendo una adolescente que apenas sabia decir mesa y pluma en inglés y todo se lo debía al programa televisivo de las pistas de Blue. Así que mi comunicación era casi nula con las demás personas y a eso le puedo incluir que siempre me costó trabajo hacer amistades.

Así que ahí aprendí que mis problemas eran míos y que lo menos que podía hacer era llamar a mi familia y preocuparlos con cosas que ellos no podían solucionar y peor aún; mi más grande miedo era entristecerlos más de lo que ya estaban a raíz de mi partida.

Todo lo que podía hacer era hablar conmigo misma. Cuando eres adolescente te enfrentas a mundo lleno de ideas y cambios y peor aún si eres una mujer sola en territorio desconocido. En un país extraño con diferentes costumbres, no podría decir que mis problemas eran los típicos de cualquier chica. Me enfrente a trabajos que nunca había hecho, a personas mal intencionadas, a personas que intentaron abusar de mí por qué sabían que estaba sola y no tenía quien me protegiera, a amistades que solo pensaban en beber y usar drogas, y también encontré personas que me acogieron y me adoptaron como parte de ellos.

Pero aun así yo solo tenía a un amigo y ese era Dios. Aparte de mantener comunicación con mi cabeza también hablaba con Dios, le contaba todo lo que me pasaba, le decía como me sentía, las cosas que me asustaban y las cosas que me dolían.

Él era mi compañero fiel y no había secretos con él, no tenía a nadie más. Solo éramos él y yo.

Recuerdo que miraba las familias y el corazón me dolía por qué pensaba dentro de mí que yo también quería salir a comer con mi familia, me dolía ver a madres abrazar a sus hijas y yo no podía abrazar a mi mamá. Así que solo callaba y me alejaba de las situaciones que me generaban nostalgia. Nunca me imaginé que años más tarde todo lo que me dolía Dios me multiplicaría con vivencias hermosas a lado de mi familia. Sin pedir los deseos Dios cumplió cada uno de ellos.

Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud.

Que se siente solo y calle, porque es Dios quien se lo impuso; Ponga su boca en el polvo, por si aún hay esperanza; Dé la mejilla al que le hiere, y sea colmado de afrentas.

Porque el Señor no desecha para siempre; Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias. Lamentaciones 3:26-32

¡Mi consuelo es Jesús con él hablo todo lo que me pasa, tal vez no externo mis sentimientos con las personas que me rodean, pero no guardó silencio con Jesús! Mi consuelo es él en las noches que no puedo dormir, cuando las preocupaciones vienen sé que puedo hablar con él, también cuando tengo errores sé que él es fiel en perdonar. No podría pedir mejor confidente para contarle todos mis secretos, él es por mucho el mejor amigo.

Si buscas consuelo o te sientes solo como yo muchas veces me siento busca a Jesús él será tu consuelo y tu compañía día y noche. Él no tiene horarios, ni hora de descanso, él tiene paz y consuelo al alma triste, él será tu compañero fiel e imperdible, con él no tienes que quedar bien o callarte las cosas vergonzosas, si te sientes solo él camina contigo a donde vayas.

Lo sé por qué pase por eso. Y Dios cuido de mí cada día en las peores situaciones y cuando todo parecía terrible él me daba fuerza. No tienes que ser un experto en teología para buscarlo y pedir que sea tu compañero. Él quiere que seamos como niños que dependamos de él, y cada día crecer a su lado. Recuerda que Dios te ama y su amor es perfecto.

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